El propósito de Dios al crearnos.
Jesucristo, El Hijo de Dios vino a este mundo para sacar a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio (2Tim.1:10). Con toda claridad de esto deducimos que el propósito de Dios al crearnos en este universo tan espectacular era la vida y la inmortalidad, pero que sin embargo el pecado del hombre lo echó a perder. La clase de vida que hoy experimentamos dista mucho de ser el propósito de Dios, ya que esta existencia prosigue a la sombra de la muerte. Sin embargo para los que han experimentado la vida resucitada del Señor Jesucristo por creer en el evangelio, la vida y la inmortalidad empieza a revelarse delante de sus ojos.
La definición de vida tiene alcances gigantescos ya que el pecado ha sido derrotado, por ejemplo en el creyente quien ya no vive con la culpa, no gasta su energía en compensar esta culpa y es libre para poner en acción el potencial de criatura de Dios; de la misma forma no gasta su energía en buscar aceptación sino que al sentirse seguro de ser un hijo amado de Dios durante todo el tiempo, desarrolla al máximo el potencial creativo a través de sus dones y talentos; se convierte además en una persona de visión por cuanto sabe lo que Dios tiene preparado en la instauración de su Reino(“Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.” 2Pedro 3:13)
La vida y la inmortalidad ha sido desde el principio el plan de Dios al crearnos, y no ha “escatimado ni a su propio Hijo”(Ro. 8:32) con tal de no echar a perder su maravilloso plan. Si ahora que vivimos bajo la influencia de un mundo pecaminoso sus hijos alcanzamos medianamente la vida y la inmortalidad como no lo será en la restauración completa de Su reino en donde libres para siempre del poder del pecado y la muerte la vida verdadera se expresará plenamente.
Si hoy como hijo de Dios puedes ver lo que Dios puede hacer con tus dones y talentos en libertad, como nos sorprenderemos lo que llegaremos ha hacer en el Reino de Dios por la eternidad.
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